Como siempre, el trabajo me ha tenido retirada del mundo un par de semanas. Y vuelvo ahora con mucho mono de scrap, por supuesto. Ayer, antes de acostarme, terminé unas cuantas tarjetas para retos, con la intención de fotografiarlas a la luz del día. Cuando he tenido las fotos hechas y retocadas (sí yo lo toco y retoco todo), el reto de Teroladas ya había vencido. Ohhhh. Pero al de 3Flowers todavía le quedan dos días, así que... ¡vamos allá!
En el sexto reto de 3Flowers, el de Mariola, me ha dado muuuucho trabajo. "¡Pues no lo parece!" Ya lo sé, que no lo parece, pero es que yo... no sé coser. Vale, ya lo he dicho. Tampoco tengo ganas de aprender. Mientras no sea imprescindible... que no cuenten conmigo en los cursos de costura.
Lo que sí sé hacer es petit point (y ganchillo, pero eso es otro tema). Y como se trataba de versionar la tarjeta original, lo he hecho como sé. A falta de cañamazo, de panamá o de cualquier tela bordable, he empleado un pedazo de un saco que tenía para destripar. Sí, sí, saco. Que se deshilacha con mirarlo y cuyas hebras son todas distintas. Por eso me ha costado mucho más.
Aquí un detalle del intento de maravilla.
Y para el sentimiento... he utilizado la Dimo. He cortado una tira de papel blanco, la he pintado con tizas pastel y... ¡Dimo al canto! Para que arrastrara mejor el papel (algo mejor, no bien del todo), pegué los extremos de la tira decorada a otra tira del mismo ancho (9 mm) y, una vez terminado el texto, la corté a la medida.
Tengo que agradecer la inestimable participación de mi hija en esta tarjeta: el deshilachado rosa es cosa suya. Ayer estuve preparando material para hacer varias cosas, y dejé encima de la mesa y sin vigilancia, una cinta para hacer un lazo. Cuando me di cuenta, la cinta era un montón de hilos encima del sofá. Gracias, nena, por tu toque personal.


